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| Miembro activo Registrado: junio 2004 Ubicación: ESPAÑA Mensajes: 6.723 | Hola: Estoy escribiendo una historia y ya llevo mucho escrito. Pero me gustaría saber qué os parece. No tiene título y tengo pensado que sea "un poco larga". Ahora os pongo solamente el prólogo. A lo mejor el prólogo os resulta aburrido, pero el capítulo uno, dos y en adelante están muy bien, por lo menos a mi me gustan. Bueno pues espero todas vuestras opiniones, tanto si os gusta como si no, que cambiariais, que pondrias, en que me he equivocado, y todo lo que queraís. A final de mes siempre leo todo lo que he escrito hasta ese momento por si cambio una coma, una palabra, etc, asi que si cambio algo os aviso. Bueno, pues espero que os guste: PRÓLOGO Martes 2 de Octubre del año 6052. Los recuerdos eran constantes. Era imposible apartarlos de su mente. Había pasado mucho tiempo, pero los veía tan claros como si hubieran pasado tan solo unas horas. Pero no pasaron horas, sino años. Seis años. Sus padres adoptivos habían muerto mientras que él estuvo “fuera”. Cuando regresó, heredó todo lo que sus padres tenían: la casa, el coche, el dinero… Ahora todo era suyo. Había encontrado trabajo en la A.A.N., una asociación de ayuda al necesitado. No estaba muy bien pagado, pero le daba para vivir. Además, tenía el dinero que heredó de sus padres. Le gustaba ayudar a la gente… …más recuerdos... Sí, él había ayudado a mucha gente cuando estuvo “allí”. A mucha gente. ¡Cuánto deseaba volver! Pero no podía. Había pasado algo... …algo que le puso todo en su contra… - ¡Eh, Baras! Tienes que ir a casa de la señora Rossi. Vive en el norte de la ciudad –Era Goah, su jefe. - Pero yo ya me iba para casa, Goah –Baras se levantó y se dirigió hacia la puerta para marcharse. - ¡Venga, hombre! Vas, y cuando termines ya te vas para casa. Además, la señora Rossi no quiere que vayamos ninguno de nosotros. Quiere que vayas tú –Goah se dirigía hacia la puerta de su despacho-. Dice que quiere ver caras nuevas. Solo tendrás que ir, estar un rato con ella y ya te podrás marchar. - Pero… -Baras sabía que dijera lo que dijera iba a dar igual. - Coge la carretera que va hacia el norte y la primera casa con una gran fuente en el jardín que veas, esa es. Baras se levantó y se dirigió a los vestuarios. Pensándolo bien, tampoco le importaba mucho hacer esa última visita. Nadie le estaba esperando en casa. Se puso la ropa de trabajo: un jersey amarillo con las mangas azules remangadas, y unos pantalones azul oscuro. En el jersey, cosido, estaba su nombre, A. Baras en azul y encima de éste, el nombre de la asociación, A.A.N. en letras rojas. Cuando se estaba atando los cordones de las botas negras, vio sus brazos... …más recuerdos… Sus brazos eran lo que más le recordaba su pasado. Los que le recordaban quién era. …pero no puedes volver... En sus antebrazos y manos tenía “tatuados” líneas y símbolos tribales. Cuando estuvo “allí”, esos dibujos representaban su poder, un poder, que ahora había desaparecido. Guardó la ropa que se quitó en su mochila y se fue en dirección a los garajes. Antes pasó por el despacho de Goah: - Me voy a ver a esa señora que tanto quiere verme. Por esto me debes una cerveza. –Goah sonrió. Estaba pasando unos papeles a ordenador. Levantó la cabeza y le miró. - El sábado quedamos donde siempre y te invito –Goah se quitó las gafas y se le quedó mirando. Llevaba la misma ropa que Baras. El anillo de casado, en vez de llevarlo en el dedo lo llevaba en el cuello, colgado de una cadena. Decía que así no se le cortaba la circulación del dedo, pero todos sabían que llevaba así el anillo por otra razón. Tenía el pelo de punta y muy engominado. - A la misma hora –Baras se despidió de él con una palmada en la espalda y se fue hacia el garaje. Tenía su coche en la plaza 15, al lado del coche de Goah y del de Siana, la secretaria de Goah, que había pedido unos días libres porque había muerto su hermano en un accidente de coche. Por eso había dejado allí el suyo y se había marchado en autobús. Baras pasó la tarjeta por la cerradura del maletero de su SEAT Spain, guardó la mochila y se metió en el coche. Metió la tarjeta, arrancó y salió del garaje rumbo a casa de la señora Rossi. Cuando estaba en la carretera que iba hacia el norte, metió un Cd MP3 de música ChillOut y miró el paisaje. …más recuerdos… …la verdadera historia… …está aquí escrita… La verdadera historia. Cuando estuvo allí se la contaron. Cómo le gustaría poder contársela al mundo. Pero… … no puedes volver… Había leído lo que ocurrió realmente en el año 4369. No hubo una guerra. La Guerra Destructora no ocurrió, no existió. Todo el mundo creía que sí, pero eso no era cierto. Cuando llegó a casa de la señora Rossi, aparcó su coche en la acera de enfrente y se dirigió a la puerta. Ésta era de barrotes; tenía forma de pico achatado y era de color negro. A través de los barrotes, Baras pudo ver la fuente. Era la mayor fuente de jardín que Baras había visto nunca. …mentira. Has tenido fuentes más grandes que esa… Era redonda, con un diámetro de unos 12 metros. Las figuras eran un hombre que estaba siendo atravesado por un rayo, y gente arrodillada a su alrededor, con las manos juntas como si estuvieran rezando. El agua caía por los ojos de todas las figuras, lo que hacía parecer que estaban llorando. Baras buscó algún telefonillo, pero no encontró ninguno. Comprobó si la puerta estaba abierta, y como así era, la abrió y se dirigió a la puerta que llevaba a la casa. Cuando pasó al lado de la fuente, pudo ver que había una frase escrita, justo en el centro, debajo de la figura del hombre atravesado por el rayo: “VOLVERÁS A DONDE PERTENECES. ALLI, DONDE LLORAS POR ELLOS, Y ALLI, DONDE LLORAN POR TÍ” Le empezaron a picar los brazos justo cuando estaba llegando a la puerta de la señora Rossi. Y cuando los brazos le picaban quería decir algo. Una vez, antes de ir “allí”, los brazos y los símbolos tribales no le paraban de picar, y de repente…. Pero no le dio tiempo de seguir con sus pensamientos, porque justo cuando llegó a la puerta y se disponía a llamar, la señora Rossi abrió la puerta. Estaba oscuro y Baras no la podía ver bien. - Que pronto ha llegado –tenía una voz, que para tener la edad que tenía era muy suave y dulce-. Pase y vaya a la habitación de la izquierda. Es la sala de estar. Estaremos más cómodos allí y podremos charlar más a gusto. - Bu, bu, buenas noches, señora Rossi. Baras entró en la casa y se dirigió a la sala de estar. La señora Rossi iba justo detrás de él. Comenzó a sentir una sensación de incomodidad y familiaridad. Era una sensación de no encajar en un sitio pero que no hay que preocuparse porque hay… confianza. - ¿Quiere un café o algo para tomar? –la señora Rossi estaba justo detrás de Baras y esperaba su respuesta. Iba vestida con una túnica azul oscura con capucha, pero no la tenía puesta. Atado al cuello llevaba un pañuelo de un azul más claro. Tenía puestos unos guantes de color púrpura, de esos que llegan hasta la mitad del brazo. La túnica estaba desabrochada y Baras vio que llevaba puesto un traje de color azul mar que empezaba con una camisa de botones y acababa con una falda que llegaba hasta los tobillos. Tenía el pelo gris, menos un poco en el flequillo que ya estaba completamente blanco. - Un café estaría bien. Gracias señora. - Ahora se lo traigo. Pero siéntese, o si quiere mirar algo o lo que sea puede hacerlo. Siéntase como en su casa. Y cuando la señora Rossi se dirigía a la cocina para prepararle el café, un pensamiento de tristeza y alegría se pasó por la cabeza de la señora: Siéntete como si estuvieras en casa. Ya estás en casa. Baras decidió sentarse en uno de los cuatro sillones amarillos que había en la habitación. Decidió sentarse y no andar mirando por ahí para no parecerle cotilla o “indiscreto” a la señora Rossi. Parece una señora agradable pensó Baras. Observó la habitación. Los cuatro sillones que había estaban en semicírculo. Enfrente había una mesita de madera y de cristal; en la pared había una chimenea y encima de ésta, una televisión. A la izquierda de Baras había una estantería llena de libros y figuras de adorno. Y a su derecha, una mesa enorme de madera robusta con seis sillas a juego. En las paredes colgaban cuadros pequeños de paisajes y animales, pero ninguna foto de familia. Baras se fijó en la mesita que tenía enfrente suya. Había un periódico con la última página hacia arriba. Era el periódico Escándalo Publico y Baras empezó a creer que no estaba allí porque la señora Rossi quisiera ver caras nuevas, sino porque le había visto en el periódico y al enterarse de lo que “él había hecho” y de dónde trabajaba, quiso que él fuera el elegido para ir a su casa. Baras empezó a cambiar su opinión sobre la señora Rossi. Ya no era una señora agradable, sino una vieja cotilla que necesitaba chismorrear. Baras cogió el periódico sin saber si lo hacía por recordar, por asegurarse y no pensar mal de la señora Rossi, o por el simple hecho de hacer algo mientras esperaba el café. Baras dio la vuelta al periódico y se fijó en la portada. No se había equivocado. Ése era el periódico. En la portada había un titular: |
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| Miembro activo Registrado: junio 2004 Ubicación: ESPAÑA Mensajes: 6.723 | CONTINUACION DEL PROLOGO EL TESTIGO PRINCIPAL DEL CASO SOBRE EL ASESINATO DE LA HIJA DEL JEFE DE POLICIA SE NIEGA A JURAR SOBRE LA BIBLIA TRAS DECLARARSE NO CREYENTE Y debajo del titular una foto del momento en el juicio en el que el abogado defensor del acusado, contra el que Baras iba a testificar, le señalaba y dijo lo que no tenía que decir. Baras tuvo tiempo de leer el artículo completo. Cómo mentía la prensa. Aseguraban que él se había negado a jurar sobre la Biblia porque era ateo. Pero así no ocurrió: Le había llamado a testificar el abogado del jefe de policía. Era el testigo principal y su testimonio iba a ser determinante. Pero justo cuando el alguacil le iba a poner la Biblia para que jurara, el abogado defensor dijo: - ¿¡Cómo va a decir la verdad este hombre cuando jura sobre algo en lo que no cree!? El podrá asegurar que dirá la verdad, pero podría mentir y no tener remordimiento alguno, porque no cree en lo mismo que nosotros. Es lo mismo, señores del jurado, como si les secuestraran gente de otra religión y le hicieran jurar sobre su libro sagrado convirtiéndoles en miembros de su religión y de esa forma les dejaran libres. Ustedes jurarían sobre su libro, pero cuando les dejaran libres iban a seguir creyendo en lo que han creído siempre y no en algo en lo que habían jurado por compromiso, en este caso, porque les dejaran libres y no les mataran. Pues aquí en la realidad sucede lo mismo. Podría jurar sobre nuestra Biblia y luego mentir para que metieran a mi cliente a la cárcel. El juez le eliminó como testigo y el asesino quedó impune. Baras había visto cómo el asesino había matado a la hija del jefe de policía y pasó muchas noches sin dormir pensando que ya nadie le creería si decía que él había visto cómo la mataban. Tampoco le creerían si decía que no hubo una Guerra Destructora; que en lo que en realidad pasó fue que… -¡Aquí tiene su café! –La señora Rossi traía en una bandeja dos tazas, una cafetera, una jarra pequeña con leche y un botecito con azúcar. -Gracias señora Rossi. –Baras se preparó un café con leche con cuatro cucharadas de azúcar y esperó a que la señora Rossi se preparara el suyo-. Oiga, señora Rossi. Espero que no me haya hecho venir por esto –y Baras levantó el periódico mostrándole la portada a la señora Rossi-, porque si es así me marcharé ahora mismo. - ¡Oh, no, por favor! Cierto es que he preferido que venga usted antes que otros porque quería conocer a la persona que se enfrentó a… - Yo no dije nada en el juicio. Ni siquiera me dejaron dar explicaciones. La prensa miente. No fue así como ocurrió –Baras le contó lo que sucedió en verdad-. Ahora podíamos hablar de usted, señora Rossi. Es por lo que yo estoy aquí. - Bueno, la verdad es que mi historia no es muy larga. Mi marido creó un negoció que nos convirtió en millonarios. Tuvimos un hijo, nos casamos y compramos esta casa. Cuando nuestro hijo tenía dieciséis años, mataron a mi marido y años más tarde mi hijo desapareció sin dejar rastro. - Lo siento mucho, señora. Yo… - No pasa nada. Mi marido no era quien aparentaba ser, así que su muerte no me dolió demasiado por todo lo que me había hecho; y a mi hijo creo que ya lo he encontrado. Pero primero quisiera asegurarme antes de ir y decirle a ese joven que es mi hijo, que yo soy su madre.-La señora Rossi bebió un poco de su café, y mientras que levantaba la taza se fijó en los brazos de Baras. Un cruce de sentimientos tristes y alegres pasaron por su mente. - Pues, entonces, me alegro. Quiero decir, me alegro de que crea haber encontrado a su hijo, porque de la muerte de una persona…–Baras decidió no acabar la frase y se bebió todo el café. - Ahora, ¿Por qué no hablamos de ti? –la señora Rossi tomo otro tragó de café. Los brazos le empezaron a picar más y a su mente estaba llegando el significado de ese escozor… - ¿De mí? No tengo nada que contar. Fui adoptado, mis padres murieron, y ahora trabajo ayudando a los demás. - ¿Es eso… toda tu historia? En cuanto la señora Rossi terminó la frase, a Baras se le empezó a llenar la mente de recuerdos. Ahora estaban clavados en su mente y no podía deshacerse de ellos... Recordó por qué le picaban los brazos… …los recuerdos vuelven a tu mente… …cuéntamelos… Era la señora Rossi. Le estaba hablando. La escuchaba dentro de su cabeza. Baras la vio enfrente de él sentada en la mesita. La veía borrosa, pero podía ver que se había abrochado la túnica y que le miraba fijamente. Y justo cuando Baras la miró a los ojos supo quién era la señora Rossi y por qué le picaban los brazos cuando ella estaba cerca… …La señora Rossi era su… …era su… Pero no podía dejar de escucharla: …sé quién eres… …pero quiero que me lo digas tú… …cuéntame… …cuéntame ¡TU HISTORIA! Baras empezó a ordenar sus recuerdos en su cabeza casi involuntariamente. Y cuando los recuerdos estuvieron ordenados, justo antes de empezar a hablar, gotas de sangre empezaron a empapar el suelo. Esas gotas procedían de sus brazos, de sus símbolos tribales. Pero Baras ya no podía pensar, simplemente hablar. Y como así era, mientras el suelo se teñía de rojo, empezó a hablar, a contar SU HISTORIA… |
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| Miembro Registrado: febrero 2005 Ubicación: Zárágózá Mensajes: 49 | Cita:
Hola! No está nada mal, además futurista como a mi me gusta. Pones que es el año 6052, yo creo que pasados 4000 años tendría que haber mas detalles del futuro, por ejemplo no usaría papel ni muebles de madera, coches, autobuses, tal y como los conocemos etc. Un seat Spain? Existiría seat? y España? Pero vaya que me ha gustado. Ya nos irás pasando mas capitulos! | |
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| Miembro activo Registrado: junio 2004 Ubicación: ESPAÑA Mensajes: 6.723 | Cita:
Gracias por opinar. Sobre lo de los detalles, buena idea. Pero los pondré más adelante, ya que en el prólogo no me quería extender demasiado. La novela, aunque esté basada en el 6052, no tendrá elementos futuristas, pero ya lo veras y entenderas ahora cuando te ponga el capitulo 1 entero. Sobre lo de Seat y España, lo entenderás más adelante. No solo está España o Seat sino E.U.E. ¿Qué que son los E.U.E.? Tendrás que seguir leyendo para saberlo. Espero que el Capitulo 1 te guste. Dejaré pasar el fin de semana y el martes que viene pondré el capítulo 2, para que la gente si quiere opinar sobre el prologo o el capitulo 1, lo pueda hacer sin tener que ir a la pagina 1, y hacer la opinion en la pagina 5. Espero que te siga gustando. Ahí va el capítulo 1 | |
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| Miembro activo Registrado: junio 2004 Ubicación: ESPAÑA Mensajes: 6.723 | Aquí os pongo el Capítulo uno que lo tengo que en un solo post no me entra. Espero que os guste: CAPITULO I: La Revelación Jueves 23 de Julio del año 6036. …Había acabado el curso. Era el último año que íbamos a estar todos juntos y estábamos planeando qué hacer para despedirnos. No se nos ocurría nada. A lo mejor era porque no queríamos separarnos. Habíamos estado siempre juntos desde pequeños, menos Sarah que se unió al grupo dos años atrás, y no nos hacíamos a la idea de que ya no nos veríamos mas porque cada uno haría su vida y… - Podríamos hacer un viaje –Sebas miró a Baras y cerró los ojos un poco, asintiendo con la cabeza para que Baras apoyara su idea. - Mejor una cena –Sarah siempre le llevaba la contraria a Sebas. Aunque ella estuviera un poco de acuerdo con lo que Sebas dijera o hiciera, siempre tenía que saltar en su contra. Se caían un poco mal. - Viaje –Y Sebas le seguía el juego-. ¿Es que no sabes hacer otra cosa que no sea meterte conmigo? - ¡Cena! –Aunque Sarah era la más pequeña del grupo (un año menos) tenía genio. - ¡Viaje! –Sebas no se lo iba a consentir.- ¡Tú eres la nueva y no puedes dar tu opinión! - ¡Sebas! –Edgar saltó a la defensa de su hermana. Era un buen amigo de Sebas, pero Sarah era su hermana. Comprendía por qué tenía Sebas esa tirantez con ella. Habían sido buenos amigos, no los mejores pero si ese tipo de amigos con el que siempre te lo pasas bien. Pero desde que Sarah se unió al grupo todo había cambiado. Edgar había cambiado. Él lo sabía. Sebas lo sabía. Todos lo sabían. Pero no podía ser el de siempre, porque estaba su hermana-. ¡Ya basta! - Pero… -Sebas decidió no continuar al ver el gesto que le hizo Baras indicándole que no dijera nada más. - Ya lo pensaremos otro día. Por ahora solo hay que preocuparse de las fiestas de pasado mañana –Baras deseaba que llegaran esas fiestas, porque podría participar en lo que tanto había deseado durante tanto tiempo-. Este año no volverás a lucir la corona, Tonan, amigo mío. - Que te crees tu eso. Este año sí que disfrutaré cuando gane, y te vea sentando en el barro con los perdedores. - Ya lo veremos. - Ohhh. ¡Qué desafiante! –Catty, la novia de Tonan, era la mejor amiga de Baras-. ¡Ja, ja, ja! Ya veremos quien gana… Aunque creo que ya todos sabemos cual será el nombre del ganador… –Tonan se irguió, orgulloso de su novia- Baras –Catty levantó los brazos y juntó y separó las manos al decir el nombre. Tonan se desinfló como un globo, al ritmo de las risas de todo el grupo. - Catty… -Tonan la agarró por la cintura- …niña mala –y la dio un beso en la boca. - ¡Eh, eh, que todavía no es de noche! Todos estaban felices. Era en esos momentos en los que se olvidaban de su miedo a no volver a verse. Pero lo que no sabían, es que iban a estar juntos durante mucho tiempo. Solo faltaban unas horas para que todo fuera revelado. - Bueno. Entonces ya nos vemos pasado mañana –Catty se tenía que marchar a la tienda para ayudar a su madre-. Quedamos donde siempre a la hora de siempre. Adiós –Catty se giró y se marchó por la calle que daba justo enfrente a la tienda. - Yo también me voy. –Sarah miró a Sebas-. Hasta luego, Sebas… El sábado te traerá un folleto de posibles viajes de despedida. - ¡Sarah! –Edgar cogió a su hermana del brazo y se marchó hacia su casa-. Hasta luego. Nos vemos el sábado. - Adiós –Ahora solo estaban Tonan, Sebas y Baras. Ellos tres vivían en la misma urbanización, pero en bloques distintos. Tonan y Sebas en el 128, uno encima del otro y Baras en el 13. Cuando llegaron a la entrada de la urbanización se despidieron. Pero cuando había ya unos quince metros más o menos entre ellos Baras se giró: - ¡Eh, Sebas! Esta noche estoy solo en casa. Dile a tu madre a ver si te deja venir. - ¡Vale! Luego te llamo. Baras no le dijo nada a Tonan, porque éste tenía entrenamiento hasta muy tarde. Además, Sebas era su mejor amigo. Se conocieron en el colegio, igual que sus madres. Y sus padres trabajaban juntos. Eran casi como de la familia. Y como Baras no tenía hermanos, aunque sus padres estaban en un tratamiento para que su madre se quedara embarazada, siempre había considerado a Sebas como su hermano. El primer día de colegio nadie se acercaba a Baras. Los chicos le tenían miedo por los tatuajes que tenía en sus brazos; pero un día durante el recreo, Sebas se le acercó y le dijo que el tatuaje que tenía su padre en la rodilla era más chulo; y a partir de ahí ya estuvieron siempre juntos, asustando a los más pequeños del colegio cuando Baras enseñaba sus Brazos. Sebas tenía una hermana pequeña, Christie, de catorce meses, que ya había pronunciado sus primeras palabras (unas cuantas) y ya podía correr sola sin tener que agarrarse a los sofás o a las sillas. Fue por Christie por lo que los padres de Baras se decidieron a seguir un tratamiento de fertilidad, ya que fue así como Christie fue engendrada. Esa noche iba a estar sólo por eso; porque sus padres iban a hacer otra sesión del tratamiento y para ello tenían que ir a la capital, por lo que no volverían a casa hasta el día siguiente por la tarde. Baras tampoco dijo nada a Edgar, a Catty y a Sarah de ir a su casa, porque iba a hablar de cosas personales con su amigo-hermano Sebas. Concretamente, le iba a contar algo que pensaba decirle a una chica muy especial para él, durante las fiestas… Algo sobre… Y ¡claro! Eso no se podía hablar con cualquiera. Pero lo que Baras no sabía era que no le iba a dar tiempo a contarle nada a su amigo-hermano. Porque sería justo esa noche, cuando la verdad iba a ser revelada, cuando la historia iba a comenzar. Mismo día. Otro lugar. Era el día. Esa misma noche le revelaría a su hijo toda la verdad. Estaba asustada. No sabía cómo iba a reaccionar ese hijo al que había visto crecer pero al que no se pudo nunca acercar por culpa de las guerras. Ella era la reina. Su marido, el rey. Y su hijo, Baras, era el príncipe heredero de la corona. El rey se estaba muriendo. Los enemigos avanzaban. La magia ya no servía, y las fuerzas de los soldados, la ilusión y la confianza del pueblo, la fe en la victoria; se estaban perdiendo. Y él, su hijo, el futuro rey, era la única esperanza de su pueblo. Era el oxígeno que aún mantenía la vela encendida. Pero la mecha se estaba acabando, y ya no había más velas que encender. - ¡Mi Señora! –Phisura, una de las esclavas personales de la reina, entró en la habitación-. Es hora de prepararse. El rey y Abdebú la esperan en los aposentos reales. - Gracias Phisura. Diles que enseguida voy. Phisura agachó la cabeza y se marchó a cumplir el recado de su reina. La reina, sentada en la cama de la habitación de su hija, la princesa Ehvae, sujetaba en sus manos los anillos y el colgante que daría a su hijo esa misma noche, para que todos los habitantes de DeÓderLan supieran que ese joven era el príncipe heredero, hijo del rey Modas y de la reina Rihla, al que deberían de obedecer y mostrar respeto por el resto de sus días. Rihla metió los anillos y el colgante en una bolsa hecha de piel de asno y se levantó. Salió al balcón para recibir un poco de aire fresco y despejarse un poco, antes de prepararse para la difícil tarea que iba a llevar a cabo. Desde el balcón podía ver uno de los jardines reales. Allí estaban nadando la princesa Ehvae y su regalo de cumpleaños, en uno de los estanques. La princesa había cumplido catorce años el día anterior y esperaba con ansia la llegada de la mañana siguiente, pues sus padres le habían prometido que le darían lo que más había deseado: un hermano. Ella ya conocía la historia de ese hermano. Sabía a qué estaba destinado. |
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| Miembro activo Registrado: junio 2004 Ubicación: ESPAÑA Mensajes: 6.723 | CONTINUACION DEL CAPITULO 1 Ehvae era igual que su padre. Era morena, con los ojos de un azul grisáceo. No era alta como su padre, pero si era más alta que Abdebú, gran amigo de la familia. Para la edad que tenía, su cuerpo ya se había desarrollado casi completamente. Se la notaban las redondeces del cuerpo y la voz era casi como la de una mujer adulta. Iba vestida con una tela blanca en el pecho, atada con varias tiras a la espalda que dejaban a la vista parte de ésta y de la tripa de la princesa. En su cintura colgaba una pequeña falda que llegaba hasta la mitad de los muslos, con dos cintas que pasaban por sus brazos y se anudaban con las tiras de la espalda. Llevaba el pelo recogido en un moño atado por una cinta azul mar. Las joyas se las había quitado, para que Jarafi, la leona que le había regalado Abdebú por su cumpleaños la noche anterior, no se las rompiera. Jarafi tenía tan solo ocho meses, pero al igual que su ama, su cuerpo era ya el de una leona adulta. La reina volvió a la habitación y se miró en el espejo, antes de dirigirse hacia los aposentos reales. Iba vestida con una túnica blanca de seda sin mangas, sujeta por un cordel de oro en su cintura, que resaltaba su busto y sus caderas. Llevaba puestas unas sandalias de cuero negro cuyas cinchas llegaban casi hasta las rodillas. Tenía dos pendientes en cada oreja. En una de ellas, llevaba dos pendientes de perla de mar, y en la otra, dos pendientes de plata en forma de aro, unidos por una cadenita de oro. En su cuello tenía tres collares de oro, plata y lapislázuli y el colgante familiar. Se ató la bolsa de piel de asno en el cinturón y se dirigió a los aposentos reales. Allí le esperaba su marido. Ahora que él se estaba muriendo, todo el odio que Rihla había sentido durante todo el tiempo que habían estado juntos, se había convertido en pena y compasión. Mientras caminaba por los pasillos, veía a los guardias reales arrodillarse ante ella cuando pasaba a su lado. Iban vestidos con la falda marrón que llevaban todos los guardias de palacio. A su espalda llevaban un arco y un carcaj con diez flechas, sujetos por una tira negra que se enganchaba con la falda. En su mano izquierda todos llevaban una lanza que dejaron en el suelo cuando se arrodillaron ante la reina. Rihla giró a la derecha, pasó por el cuarto de las esclavas y luego torció a la izquierda todo recto hacia su habitación, donde Abdebú y su marido la estaban esperando. Los cuatro guardias que custodiaban la entrada a la habitación se arrodillaron y los dos que estaban más cerca de la puerta, la abrieron. La reina entró en la habitación. Cruzó a través de la cortina rosa y luego a través de la blanca y se paró. Enfrente suya estaba la cama donde su marido agonizaba y desde donde Abdebú la estaba mirando, a la espera de que se acercara. A la izquierda de la reina estaba el baño, y a su derecha, la pequeña habitación donde había dormido la princesa Ehvae cuando era un bebé. La reina respiró hondo y se acercó a la cama. Podía oír la respiración entrecortada y agonizante de su marido. Se acercó a él, le secó el sudor de la frente con un trapo mojado que había en la mesita al lado de la cama y luego le besó. Se giro hacia Abdebú, mojando el trapo en la bacinilla. - ¿Cómo está, Abdebú? ¿Crees que aguantará? –Abdebú, que sabía lo que la reina había sufrido junto al rey, se asombraba cada día más, de cómo la reina transformaba ese odio que tendría guardado en su alma y en su corazón y lo transformaba en cariño y compasión hacia ese hombre cuyo camino estaba llegando a su fin. - La verdad es que no le queda mucho tiempo –Abdebú se levantó del suelo con ayuda de su bastón- su respiración es cada vez más lenta y muchas veces no contesta cuando se le habla. La reina escurrió el trapo y se lo puso a su marido en la frente. Se arrodilló, le agarró la mano y le dijo: - Modas aguanta. No te vayas todavía. Esta noche traeré a nuestro hijo. Aguanta por favor. No te vayas. Hazlo por él. Hazlo por tu pueblo. Modas abrió los ojos, giró la cabeza hacia su mujer e intentó decir algo: - Tr… tra… ele a… mi… lado. Hijo mío,… Baras… Modas cerró los ojos y se quedó dormido. Aunque la reina se lo había prometido, aunque confiaba en que esos recuerdos no la obligaran, no pudo evitar que una lágrima cayera por su mejilla. - Mi reina… será mejor que le dejemos descansar y que nos preparemos –Abdebú se acercó a la reina y puso su mano sobre su hombro-. Es la hora. La reina se levantó y marchó tras Abdebú. Había llegado el momento, y aunque sabía lo que tenía que hacer, no sabía cómo hacerlo. Mismo día por la noche. Donde antes. El telefonillo estaba sonando. Baras, que estaba pagándole las pizzas al repartidor, tardó un rato en abrir. - ¿Qué pasa? ¿Te estabas acicalando para mí? –La voz de Sebas se hacía más grave de lo que era en realidad al hablar por el telefonillo. - ¡Qué gilipollas que eres! Le estaba pagando las pizzas al repartidor. Anda sube. Baras le abrió la puerta. Vivía en un quinto piso, y como Sebas estaba acostumbrado a un bajo, tardó un buen rato en subir. Cuado se asomó por la puerta, Baras le dijo: - He estado a punto de llamar a la policía. Creía que el repartidor te había secuestrado en el portal. - Ja, ja, ja. Muy gracioso el nene. Toma anda –Sebas se sacó un papel doblado del bolsillo y se lo dio a Baras, mientras se sentaba en uno de los sillones del salón-. Te lo ha hecho Christie. - Dila que para su cumpleaños la compraré el oso de peluche más grande del mundo –Baras desdobló el papel. Era un “retrato” de él. Lo sabía porque el hombrecillo del dibujo tenía los “mismos” símbolos que él en los brazos, y porque Christie había hecho un amago de su nombre en el papel-. Encima de la mesa de la cocina están las pizzas, si quieres… Pero Sebas ya se había sentado a la mesa, había encendido la televisión y ya se estaba acabando su segundo trozo de pizza. - Gracias por esperar –Baras puso los ojos en blanco y se dio la vuelta-. Voy a colgar esto en el corcho, ahora vengo. Cuando Baras regresó a la cocina, se iba arrascando los brazos. No eran los brazos lo que le picaban, sino los símbolos. - ¿Qué vamos a hacer esta noche? He traído una peli. –Sebas tenía su tercer trozo por la mitad, pero decidió esperar a que Baras se sentara-. ¿Te ha picado algún bicho o estás intentando hacer una gracia? - No sé. Me han empezado a picar hace nada. –Baras paró de rascarse.- ¿Qué película has traído? Baras cogió un trozo de pizza mientras Sebas, que no se había quitado la cazadora todavía, sacó del bolsillo interior un DVD. - Se titula Armageddon. Es la versión antigua. Pero me ha dicho mi padre que es mucho mejor que la que hicieron el año pasado –Sebas le pasó el DVD a Baras-. Viene con dos discos por si quieres saber cómo se hizo y todo eso. Baras se marchó para el salón para ir a poner la película. En una mano llevaba el DVD y en la otra tenía el trozo de pizza que ya estaba casi acabado. - Tráete las pizzas para el salón que voy a poner la película. Dicho y hecho, Sebas cogió de un armario pequeñito un puñado de servilletas, se las metió en la boca, y con una pizza en cada mano, como si fuera un camarero, las llevo hasta el salón. Baras ya se había acabado el trozo de pizza y estaba metiendo el DVD en el reproductor. Los brazos le picaban cada vez más. Decidió no pensar en ello para ver si se le pasaba. - ¿Quieres algo de beber? –Baras se lo preguntó aunque ya sabía la respuesta. Y cuando vio que Sebas iba a empezar su discurso se arrepintió de haberle hecho la pregunta. - No sé, querido amigo mío, si te he contado la historia de mi vida en relación a las bebidas. Es una historia muy interesante. Todo ocurrió cuando… -pero Baras no le estaba haciendo caso. Mientras él se preparaba su Bebida Barisina como él la había llamado (zumo de naranja y batido de vainilla con dos cubitos de hielo y un poco de yogur de plátano, abría y cerraba la boca imitando a su amigo. Después de prepararse su Barisina, llenó una jarra de medio litro con cubitos de hielo hasta el borde, se dio la vuelta y a la vez que Sebas dijo la misma frase: -…y a partir de entonces solo bebo hielo “asecas”-Los dos se miraron en silencio. - Anda toma. Tu hielo asecas –Baras le dio la jarra con el hielo y se sentó en el sofá. Cogió el mando del DVD, seleccionó el idioma y los subtítulos, apagó la luz desde el interruptor que había justo a su lado, encima del sofá, y cogió otro trozo de pizza. Cuando había pasado una media hora de la película, Baras le pidió a Sebas que le pasara las tijeras que estaban en un cesto al lado del brazo en el que Sebas estaba apoyado. |
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| #7 (permalink) |
| Miembro activo Registrado: junio 2004 Ubicación: ESPAÑA Mensajes: 6.723 | SEGUIMOS CON EL CAPITULO 1 - ¿Y para qué quieres tú las tijeras ahora? - Para rascarme. Me pican los brazos un montón. - ¡Qué pesadito que estás hoy! –Sebas se agachó cogió las tijeras y cuando se las iba a dar, tocó el brazo de Baras. Estaba mojado. Era un líquido caliente y un poco espeso-. ¿Se te ha caído la bebida en el brazo? Porque está mojado. Baras, que no se había tocado los brazos desde que lo hiciera la última vez cuando fue a colgar el dibujo de Christie, se tocó el brazo izquierdo. Estaba mojado. Baras se tocó la camiseta y los pantalones y también estaban mojados, al igual que la funda del sofá. Baras encendió la luz. - ¿Pero qué demo….? –A Sebas no le dio tiempo a decir nada más porque se desmayó al ver qué era lo que Baras tenía por la ropa y sobre todo por sus brazos. Sangre. Era sangre. Baras se levantó del sofá inmediatamente. Ni siquiera se preocupó de Sebas. ¿Sangre? ¿De dónde procedía? ¿Qué estaba pasando? …Baras… - ¿Quién está ahí? –Baras giró su cabeza hacia Sebas, que estaba tirado en el suelo-. Sebas despierta. …tus brazos… - ¿Quién eres? …mira tus brazos… - ¿Mis brazos? –Baras se miró los brazos. Sus símbolos tribales se habían abierto y de ahí era por donde emanaba la sangre-. ¿Qué está pasando? –Baras se agachó y cogió las servilletas que Sebas había dejado en la mesa. Se las puso sobre sus brazos, pero enseguida se empaparon y Baras las dejó caer al suelo. No paraba de sangrar. Pero no le dolía nada. Solo le picaba. …no tengas miedo... …tranquilo… - ¿Quién eres? –Baras se agachó y agarró a Sebas de los pies- ¿Qué quieres? Sebas todavía seguía inconsciente. Baras empezó a tirar de él pero la sangre que le salía de los brazos le hizo soltar los pies de Sebas. - ¿Qué me pasa? ¿Sabes qué me está ocurriendo? –Baras hablaba mirando hacia el techo, como si hablara con un ser supremo-. Ayúdame, por favor… Baras se apoyó en la pared y fue resbalando poco a poco hasta que quedó sentado en suelo, con las rodillas pegadas al pecho y con las manos tapando sus ojos llorosos. - Ayúdame… …no llores mi niño. Ya estoy contigo… …¿te acuerdas de lo que pasó?... De repente el cuerpo de Baras se elevó y los brazos y las piernas se le estiraron. Todavía seguía sangrando. - ¿Qué me pasa? ¿Qué me estás haciendo? –Baras casi no podía hablar. Alguien estaba… estaba entrando en su mente y dirigiéndola. ...tranquilo… …confía en mí… De repente Baras se estiró aún más y empezó a gritar de dolor. Las grietas de sus brazos se empezaron a cerrar. Cuando estuvieron completamente cerradas, los brazos de Baras se cerraron de golpe sin tocarse el uno con el otro. Los símbolos empezaron a brillar con una luz blanca y justo cuando Baras paró de gritar, los brazos se volvieron a estirar y Baras cayó al suelo, medio inconsciente; pero antes de que se desmayara por completo, Baras pudo ver como una mujer que llevaba una túnica blanca se inclinaba hacia él y le susurraba en el oído: Tranquilo, ya ha pasado todo. Baras se despertó en su cama. Miró por la ventana que tenía a su izquierda y vio que todavía era de noche. - Veo que ya os habéis despertado, mi príncipe –Baras se giró hacia la derecha. Sentado en el suelo, había un hombre de unos cincuenta años, con barba de tres días, y vestido con una túnica marrón clara, que le estaba mirando a los ojos fijamente. En su regazo tenía un bastón de madera muy nudoso, cuyos bultos eran negros-. Ya creíamos que no os ibais a despertar. Iré a avisar a vuestra madre. ¿Mi madre? Pero a Baras no le dio tiempo a decir nada porque el hombre ya había salido de la habitación. La luz del escritorio estaba encendida, por lo que Baras no tardó en encontrar sus zapatillas. Llevaba puesto el pijama y no recordaba habérselo puesto. Cuando se levantó y vio en el corcho el dibujo que le había hecho la hermana de Sebas, se sobresaltó. - ¡Sebas! –Baras salió corriendo de la habitación-. ¡Sebas! ¿Sebas me oyes? - Shhhh, que le vas a despertar –Baras entró en la habitación de sus padres. Allí estaba su amigo Sebas tumbado en la cama durmiendo, el hombre que había estado en su habitación y la mujer… la mujer que había hablado con él cuando… - ¡Dejadle en paz! ¿Quiénes sois? ¿Cómo habéis entrado? Voy a llamar a la policía. - No lo creo… -la mujer miró al hombre viejo-. Abdebú… Abdebú levantó el bastón con su mano izquierda, hizo un círculo en el aire y la puerta se cerró. Ahora Baras ya no podía hacer nada; simplemente obedecer. - Ven, siéntate a mi lado –La mujer dio dos golpecitos en la cama, indicándole dónde sentarse-. Ahora lo entenderás todo. Baras se sentó al lado de la mujer, en el lado derecho de la cama. En el otro lado estaba sentado el viejo, Abdebú. - Antes de nada –comenzó a decir la mujer-, creo que no hará falta que te digamos que nos creas, que esto es verdad, que existe, porque creo que ya lo has podido comprobar por ti mismo –Baras se acordó de lo de la sangre. ¿Qué había pasado? ¿Magia? ¿Existía la magia?-. Como no hay mucho tiempo, te lo explicaré muy rápido y ya más adelante le podrás preguntar todos los detalles a Abdebú –la reina le señaló con la mano mientras Abdebú asentía con la cabeza-. Por una serie de acontecimientos, mi pueblo y yo vivimos estancados en el tiempo en una época muy antigua, en el que las casas eran de barro y las tumbas tenían forma de pirámide. Pocos años después de quedarnos encerrados “allí”, hubo una sublevación en contra del gobernador que había sido elegido por mayoría, y al final aparecieron dos grupos: los sublevados y los que apoyaban al gobernador. El grupo de los sublevados se marchó de dónde estábamos los demás, formando su propio pueblo y cultura. >>Ese gobernador que había sido elegido por mayoría, fue un antepasado nuestro y por ello nosotros poseemos ahora la corona, y tú, al estar tu padre el rey Modas, agonizando, deberás ocupar su puesto para dirigir las batallas de esta guerra que llevamos luchando desde que llegamos “allí”. Esta guerra fue comenzada por los rebols como son llamados allí los sublevados. Nos echan la culpa a nosotros, porque dicen que es por nosotros por lo que están viviendo encerrados en nuestro “tiempo”, porque nosotros éramos los únicos que teníamos magia, y fue por esa magia por lo que conseguimos viajar al pasado. Pero no fue por nuestra culpa por lo que nos quedamos encerrados allí. >>Y ahora tú debes ir para ser coronado como rey cuando tu padre muera, para dirigir al ejército en contra de los rebols. Pero no puedes venir con nosotros. Debes descubrir tú mismo tu poder –La reina Rihla señaló con la cabeza los brazos de su hijo-. Cuando llegue el momento, la puerta se abrirá para ti, y podrás entrar a tu pueblo. |
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| #8 (permalink) |
| Miembro activo Registrado: junio 2004 Ubicación: ESPAÑA Mensajes: 6.723 | FIN DEL CAPITULO 1 - ¿Pero? –Baras no quería que se marcharan, pues tenía muchas preguntas que hacer-. ¿Entonces… eres mi madre? –Baras esperaba que dijera que sí. No porque en ese caso sería hijo de reyes, sino porque como toda persona adoptada, quería saber quiénes eran sus padres biológicos. - Sí. Pero te tuvimos que traer a este lugar, para evitar que los rebols te atraparan y acabaran contigo, porque ellos creen que matando al rey, sus enemigos se rendirían. Y no les falta razón, pues la esperanza de nuestro pueblo está por los suelos, y con tal de acabar con las guerras, son capaces de hacer cualquier cosa, de cambiarse de bando y de ser súbditos de aquél contra el que han estado luchando durante toda su vida. Pues las batallas, Baras, hijo mío, son constantes y muy duras. Además, el reinado de tu padre no ha sido muy justo. Siempre quería luchar. Incluso a los niños pequeños los ponía a entrenar con soldados de élite. Por eso ya casi no queda nadie en nuestra ciudad. Casi todos se han marchado y creado sus propios clanes neutrales a la guerra, en distintos lugares de DeÓderLan. Por eso debes ir tú allí. Para reunir a todo el pueblo y hacerlo fuerte ante los ataques del enemigo. Para reinar de un modo distinto a como lo está haciendo tu padre. Para ganar la guerra. Baras no sabía que pensar. ¿Por qué no iba a ser verdad todo lo que su “madre” la estaba diciendo? Magia. La magia existía. Lo vio con sus propios ojos cuando Abdebú había cerrado la puerta con un simple giro de su bastón, y cuando él estuvo flotando en el aire y chillando de dolor mientras sus símbolos tribales estaban abiertos y echaban sangre. Cuando Baras estaba en estos pensamientos, se miró los brazos y se los tocó y luego miró a su madre, la reina Rihla, y vio cómo ésta asentía y sonreía. - Madre… ¿puedo llamarte a si? –La reina asintió-. ¿Qué son estos dibujos? ¿Qué fue lo que me pasó antes de que me desmayara? - Es una historia muy larga, pero intentaré acortarla: Esos símbolos los llevan todos los hombres de mi pueblo. Significan tu poder, tu magia. Al ser hijo de rey, esos símbolos te llegan hasta el codo. A los demás, solo les llegan hasta la mitad del antebrazo. Desde que son niños, los hombres tienen una educación para controlar los elementos: Agua, Tierra, Viento y Fuego. Cuando alcanzan los conocimientos básicos, pueden elegir entre seguir con la magia o dedicarse a otro tipo de estudios: entrenamiento para el ejército, artesanos,… Si eligen seguir con la magia, se les entrena para que tengan los poderes más desarrollados, enseñándoles más cosas, otros tipos de magia, para dedicarse después a la enseñanza de ésta, o al Ejército de Magos, un ejército exclusivo de magos supremos en los que por supuesto, está incluido el rey por nacimiento. - ¿Cuándo dices hombres, te refieres a hombres hombres o también entran las mujeres? –Baras se quedó mirando a la reina a la espera de una respuesta. - Sólo los hombres. Las mujeres no tenemos esos símbolos, ni podemos ser enseñadas en la magia, porque nuestra magia es heredada, aunque limitada y no ampliable. Nosotras ya nacemos con el don de la magia, al igual que los hijos de los reyes. También hay hombres que no tienen los símbolos, rebols que se pasaron a nuestro bando, y que, por supuesto, no tienen poderes. Abdebú tosió, para indicarle a la reina que debían marcharse. - Ahora debemos marcharnos. Pero toma esto. Te ayudará a “abrir la puerta” –la reina se desató la bolsa de piel de asno que llevaba en el cinturón y la abrió. Sacó los dos anillos y el colgante y se los enseñó a su hijo-. Este anillo –la reina levantó un anillo de oro con un rubí azul mar-, representa a la realeza. Con este anillo sabrán que eres el hijo del rey. Siempre lo has de llevar en el dedo tercero de tu mano izquierda –la reina se lo dio a Baras y éste se lo puso donde le habían indicado-. Este otro –la reina cogió el segundo anillo. Era de plata con un rubí rojo fuego-, es el anillo que te permitirá “abrir y cerrar la puerta” cuando llegue el momento. Siempre lo has de llevar en el dedo tercero de tu mano derecha Y este colgante –la reina lo cogió. Era un colgante de plata y oro con una cinta de cuero negro que lo envolvía a trozos y con una lágrima de lapislázuli de unos dos centímetros que estaba colgando-, es el colgante de la familia. Toda la gente de mi pueblo lleva el suyo propio. Así, todo el mundo sabe a qué familia pertenece cada uno. A nosotros no nos haría falta, pues llevamos el anillo que nos reconoce como pertenecientes a la familia real –la reina le enseñó su mano izquierda a Baras, en la que llevaba el anillo de oro con el rubí azul mar, pero lo llevaba en el dedo anular, no en el corazón. Pero Baras decidió no hacer más preguntas. Baras se puso el anillo y el colgante y cuando se los puso, sintió otro escozor en los brazos. - ¿Cómo podré “abrir la puerta”? Si dices que por ser hijo de rey ya tengo poderes dentro de mí, ¿qué poderes son? –Baras se levantó de la cama, pues su madre y Abdebú habían abierto la puerta y se estaban marchando-. ¿Por qué me sangraban los brazos? - Eso son detalles que te serán revelados cuando llegue el momento. Ahora, procura que nadie se entere de esto, y mucho menos él –Baras se giró hacia su amigo. Se estaba despertando. Baras se guardó los dos anillos en los bolsillos del pantalón y se metió el colgante por dentro de la camiseta. - ¿Y qué le digo entonces? ¿Que se ha quedado dormi…? –pero cuando Baras se giró hacia donde habían estado su madre y Abdebú, sólo pudo ver que éste se estaba desvaneciendo. Pero antes de que Abdebú desapareciera, Baras se fijó en sus brazos: No tenía los símbolos tribales, por lo que debería haber sido un rebol. Pero eso era imposible. Los rebols no podían hacer magia y Abdebú había cerrado la puerta… Baras decidió dejar de pensar en eso. Tendría su explicación lógica. Pero aunque se dirigió hacia su amigo, algo en su interior había empezado a reconcomerle por dentro y ese come come no pararía hasta que supiera por qué el viejo no tenía los mismos símbolos que él y podía hacer magia. |
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| #9 (permalink) |
| Miembro activo Registrado: agosto 2004 Ubicación: PIRATA DELUXE Mensajes: 1.996 | habia encotrado trabajo, po..... encontro trabajo tal, mejor queda eso Los recuerdos eran constantes. Era imposible apartarlos dos eras muy seguidas, los recuerdos son constantes, eran imposible de tal.... vaya para mi queda mejor , pero ta bien la historia pero si era mas alta...... era se a muerto, pero si es mas alta que tal, mejor , juer juer que capuyo que soy juer juer, na nu digo mas total yo de gramatica se supone que nu se nada , shiiiiiii caya |
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